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De antaño a hogaño es el título del nuevo
trabajo de Jaraíz. Un disco que ve la luz en el año del
cincuentenario de la Fiesta del Olivo de Mora (Toledo) y
no por casualidad, sino que lo hace intentando aportar
un pequeñísimo grano de arena a esta fiesta, a lo que
significó y a lo que significa; eso es, “de antaño a
hogaño”: identificar a lo largo del tiempo a un pueblo
por sus raíces, por su trabajo, por su cultura.
Así pues, aquellas canciones de antaño
interpretadas hogaño en este caso por Jaraíz, a su
manera, “a su buen entender”, con el único fin de que,
aquello que da pie a la definición y perfil de un
pueblo, no solamente no se pierda, sino que, además, se
potencie, se conozca y se trabaje; es, en definitiva, la
historia quizá no tan lejana como a priori nos pudiera
parecer.
En este sexto trabajo de Jaraíz,
evidentemente, no ha cambiado ni el estilo ni la forma
de entender el folklore pero sí hay dos cambios lo
suficientemente importantes como para reseñarlos: la
amplitud geográfica del folklore interpretado y la
incorporación de instrumentos musicales (quizá un tanto
desconocidos en nuestra tierra) que forman parte del
acompañamiento básico de determinadas piezas musicales:
el guitarro manchego, el pandero cuadrado, el de
sonajas, el rabel, el carajillo… así como otros, no tan
utilizados en el folklore como es el caso del violín, la
flauta de pico y el clave.
En definitiva, un disco con un gran
abanico de sonoridades: la rondeña, la jota, la
seguidilla, la polca, la canción con un doble sentido en
su letra, la picaresca, la sencillez de la voz y el
instrumento, la alegría de un pasacalles, la falsa
candidez de la historia contada en forma de romance.Un
trabajo hecho en estudio durante los meses de marzo y
abril de 2006 pero que ha llevado muchos meses de
preparación, de trabajo, de sacrificio pero, sobre todo,
hecho con una gran ilusión |